LIMP. ENERGÉTICA HOGARES

 Casas, apartamentos, oficinas, negocios

interior-1026454_1920Somos energía, somos parte y estamos dentro de un TODO ENERGÉTICO que nos conecta, nos contiene.

 La energía no desaparece, se puede TRANSFORMAR.

Recordarán las investigaciones y experimentos realizados por el Dr. Masaru Emoto con el agua la cual congeló dando lugar a formación de cristales a los que expuso a diferentes entornos. Por un lado a la influencia de buenas palabras, música armoniosa, fotos de la naturaleza, oraciones generando hermosas figuras y lo contrario al exponerlos a palabras duras, imágenes de violencia, guerra, sentimientos de rabia, rencor, desprecio.

La calidad de nuestros pensamientos, nuestras palabras, los sentimientos, las emociones, las intenciones, los deseos, nuestras acciones determinan la frecuencia en la que se vibra, estas nos conectan y relacionan, se dirigen hacia el exterior y atraen lo que está en una frecuencia a la par.

Un espacio inundado de pensamientos poco armoniosos, palabras que enjuician, atacan, culpan, hieren, o con sentimientos de rabia, impotencia, culpa, miedo, frustración, reacciones bruscas, portazos, golpes, empujones, gritos, llantos va creando una energía densa, un campo de baja vibración. Si estos se repiten una y otra vez, no sólo se reafirman sino que se impregnan con mayor intensidad afectando los espacios y por supuesto todo lo que hay en él sean las personas que están o llegan, a las plantas, a los animales.

En las personas su efecto y resonancia puede manifestarse con cambios repentinos de humor, malestar, algo que no se llega a descifrar ni poner en palabras, síntomas y hasta enfermedades. Las plantas se marchitan, dejan de crecer, pierden el brillo. Y los animales dependiendo cuál acercarse o alejarse.

Ambientes poco ventilados, espacios desordenados y/o saturados, acumulación de objetos sean periódicos, adornos, prendas de vestir en desuso, flores secas, objetos rotos son elementos de baja vibración que de manera sutil, sin darnos cuenta afectan de manera  real y contundente. angry-man-274175_640

Es una tarea diaria, que requiere constante atención pese a lo agitado y por momentos “carentes de tiempo” en los que el diario vivir nos envuelve.

Para la limpieza energética utilizo herramientas de las culturas nativo americanas como el tambor, la danza, la medicina de la tierra, el Reiki y lo símbolos sagrados, velas, incienso, la música, cristales, flores frescas, lo necesario para cada lugar y situación en particular. Cada espacio es único y requiere algo diferente, siendo la energía la que habla.

En ocasiones he recomendado y hecho constelaciones familiares pues el lugar requería un trabajo adicional y más profundo vinculado a la memoria de lugares y fechas aniversarios.

Memoria de lugares

A través de las constelaciones familiares se ha podido observar los efectos que tienen la memoria de los lugares y las fechas aniversario como elementos desencadenantes a situaciones de diferente índole incluso de salud.

El terreno sobre el que está construido una propiedad, el espacio construido así como los objetos y las personas que hay en ellos se impregnan de las energías existentes que pertenecen a los antiguos habitantes.  Si la persona que actualmente habita en el lugar resuena con esa energía hay un match vibracional que opera como un amplificador de esa energía que es más que la simple suma de ambas. Es lo que se llama la resonancia mórfica o morfogenética es decir un campo de memoria que está latente y que se despierta por así decir cuando hay alguien que resuena en la misma frecuencia. A la hora lo que precisa es ser sanado, reconciliado para su transformación.

Es importante destacar que profesionales de la talla de Rupert Sheldrake, Anne Ancelin Schützenberger, Lynne McTaggart han hecho investigaciones y escrito libros acerca de ello. El mismo Bert Hellinger con las constelaciones familiares que muestran los campos de familia donde se puede observar que circunstancias dramáticas en una generación se repiten en las siguientes o que  un tema de salud puede desencadenarse por la memoria de un lugar.

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